Este domingo es Pentecostés, le comentaba hace un rato a mi compañera María.
—¿Y por qué es eso relevante? —me contestaba ella.
—Porque en cualquier momento puede abrirse una ventana, y a través de ella pueden entrar grandes lenguas de fuego, posarse sobre nuestras cabezas, y darnos la capacidad de hablar todas las lenguas del mundo.
—Deberías escribir sobre eso.
—Sí, y podría decir: «y mientras esperáis este feliz momento, en Matiz proporcionamos un servicio muy parecido».
Fuera de bromas, el fenómeno bíblico que forma parte de Pentecostés se llama xenoglosia. Aunque un fenómeno parecido (sin las lenguas de fuego, claro) está documentado en tiempos actuales, aún no se ha probado científicamente que el idioma en el que parece que hablan lo sea en realidad. Esto se suele deber a que en ese momento no hay presente un hablante nativo del supuesto idioma:
—Sí, sí, y se puso a hablar en en bengalí coloquial.
—No, era más bien afrikaans culto.
—Estoy parcialmente de acuerdo contigo, pero yo diría que era más bien neerlandés.
A menudo me encuentro con personas que parecen creer esta hermosa historia. Sin embargo, no comprenden lo milagroso del asunto: en su mente, todos los idiomas se aprenden instantáneamente y sin esfuerzo, se diría que también gracias al Espíritu Santo. Por desgracia, salvo intervención divina directa, no es así, y normalmente es necesaria una inversión en esfuerzo y tiempo que puede durar entre cinco y diez años por idioma. Esto por supuesto varía dependiendo de varios factores por nombrar algunos:
- Tu edad. Si eres un niño, aprenderás el idioma. Y punto. Probablemente, en mucho menos de cinco años. O de dos. Un libro muy interesante al respecto es El instinto del lenguaje (The Language Instinct, de Steven Pinker, ISBN del español 9788420667324).
- Cuánto se parece tu idioma al idioma que intentas aprender. Por ejemplo, para un español no es lo mismo aprender catalán, italiano o portugués que alemán, japonés o sueco. Hay puntos extra de dificultad si además tiene otro sistema de escritura.
- El método de enseñanza que utilices. Porque hay métodos y métodos, y algunos son francamente contraproducentes.
- Cuántos idiomas has aprendido formalmente antes. Esto tiene que ver el punto anterior. Una vez que has aprendido un idioma es mucho más fácil aprender el siguiente. Personalmente, recuerdo haber sentido una especie de desbloqueo cuando por fin comprendí que las cosas podían escribirse en distinto orden, y leerse de diferentes maneras. Parece una tontería, pero para la siguiente vez ayuda. Tu conocimiento de la gramática es más profundo, y estás más abierto a las distintas maneras de expresar las cosas. Otras reglas que hayas aprendido podrán además aplicarse al idioma nuevo. En ese momento ya sabes que habrá verbos auxiliares, irregulares, separables, casos gramaticales, y que las excepciones tontas pueden ser la diferencia entre comunicarle a alguien lo que quieres decir y ser el chiste que contarán a sus nietos.
[Más fotos chulas de fuego, como la de arriba de Darbchapster, pero de otros autores]
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