Categoría: emprender

  • ¡Quítale la pegatina!

    Soy una fan de estrenar, y nunca he entendido a los que intentan aferrarse al estado de nuevo de las cosas. Lo mejor de las cosas es usarlas. Jamás entendí a las niñas que guardaban las muñecas en las cajas, con todos sus complementos, tal y como estaban cuando les quitaron el papel de regalo (y sin rasgarlo, lo estoy viendo). Si las dejas así, todavía parecen de otro. Quizá sea algo territorial por mi parte. Y sí, también doblo las esquinas de las páginas, si el libro es mío (y es de bolsillo).

    Por eso llevo un tiempo queriendo poner aquí este vídeo, del blog de Lolo.es:

    Quítale la pegatina, cutrón (Berto, el de Buenafuente, en YouTube)

    Iba el otro día por la calle y tuve un pensamiento a lo Seth Godin, o a lo Hugh McLeod, no sé:

    Brands are for the brandless.
    Begoña Martínez, esto es, yo.

    Queriendo decir: las marcas son para el que no tiene su propio estilo, hasta el punto de ser su propia marca. Son ese tipo de personas a las que no puedes regalarles la versión más famosa de la cosa que más quieren en el mundo, porque en realidad van a disfrutar más buscándola, eligiéndola, dándole vueltas a ver si encaja, considerando diversas opciones, que disfrutando el placer de que esté ya hecho. Y en cuanto ese algo encaja, no importa de qué marca fuera antes: ahora es suyo, es de su marca, y es de su estilo.

    Sólo si estás en un montón necesitas hacer algo para salir de él.

    En cuanto al blog, creo que quiero lo fresco de Notepad Chaos, la funcionalidad de Agregado, la limpieza de Elegant Grunge, y además que quepan las fotos y se vean.

    Probablemente tenga que hacerlo yo misma.

    Mientras, recordad: ¡quitad los andamios! ¡arrancad la pegatina!

  • Qué post tan poco post-vacacional, una canción para emprendedores

    Portada de «Una semana en el motor de un autobús», de Los Planetas
    Portada del disco «Una semana en el motor de un autobús», del grupo Los Planetas

    Hoy trascribo aquí la letra de esta canción de Los Planetas que podéis escuchar en LastFM, «Montañas de basura». Hacía mucho que no escuchaba este disco. Estas vacaciones hemos estado practicando canciones de mi carpeta antigua de acordes, estrenando la electroacústica de Pablo (una Fender muy bonita, no porque la comprara yo). Suena bastante bien. Y le tengo mucho cariño a la carpeta: es la que llevé a mi primera clase de inglés. Tiene una chuleta que pone: «pan: bread» «ella: she» y «él: hi»*.

    * Lo sé, no aprendí mucho en la primera clase.

    Escucho ahora la canción, y a pesar de que compré el disco hace diez años, me parece muy apropiada para esto de emprender, tener una empresa… Desde fuera la gente ve la libertad, pero no los miedos de esa libertad: tener que elegir, y que los errores sean tuyos. Pienso que es común a todas las cosas que merecen la pena: darlo todo y que luego salga mal. Cuando lo das todo, suele ser por algo. Algo por lo que crees que merece la pena el riesgo de estarte equivocando.

    Montañas de Basura (Los Planetas, 1998)

    En montañas de basura,
    en montañas de basura,
    en montañas de basura,
    en montañas de basura.

    Ningún beso de cordura,
    ningún beso de cordura,
    ningún beso de cordura,
    ningún beso de …
    Dios me tendrá que proteger.
    ¿Qué va a pasarme en esta vez?

    ¿Qué va a pasar si me entrego y no funciona?
    ¿Qué va a pasar si me tiro al barro ahora y sale mal?
    ¿Qué va a pasar si no puedo soportarlo?
    ¿Qué va a pasar si decido dar el paso y sale mal?
    ¿Aguantaré?, ¿podré escapar?, ¿podré volver?
    Mi vida… ¿va a ser mejor de lo que fue?
    ¿Qué va a pasar si no lo es?

    Dios me tendrá que proteger.
    ¿Qué va a pasar si no lo es?
    Dios me tendrá que proteger.
    ¿Qué va a pasar si no lo es?

    El destacado es mío, claro. El resto es el típico rollo mesiánico de Los Planetas. No me imagino pidiendo uno de los nuevos créditos del ICO y cantándole lo de «Dios me tendrá que proteger» al director de un banco.

    Estoy intentando liberarme de la presión de pensar «¿y si me estoy equivocando? ¿y si esto no funciona?» y concentrarme en hacer bien las cosas. Tomármelo con calma, como en un jardín zen. Conversación este mediodía (con Pablo, frente a un gran plato de sashimi):

    ―Cuando vayamos a Japón en abril estaría bien hacer algo zen.

    ―¿Zen? Yo no tengo paciencia para esas cosas.

    Y en el siguiente capítulo… nos vamos a Japón del 6 al 20 de abril. Madrid-Helsinki-Osaka-Kobe-Kyoto-Tokyo-Osaka-Helsinki-Madrid.

  • Optimistas, eso sí

    Bueno,  hoy es el día de ser optimistas. Salgo corriendo ahora mismo a comer y luego al acto de esta tarde en CROEM (organizado por AJE Murcia): En cambio, optimistas. A ver qué lleva puesto Roberto Verino (puesto que no se sabe qué va a decir) y qué dice Leopoldo Abadía.

    En cambio, optimistas: actitud ante el reto del cambio
    En cambio, optimistas: actitud ante el reto del cambio

    Yo hoy estoy lista para ser optimista: la nueva web de Matiz va por muy buen camino (aún no se puede ver, pero va bien), y por si fuera poco, ¡nos han hecho un regalo temprano de Navidad! Yo, que soy una fetichista del papel y del material de oficina considerable, estoy más que encantada, dando saltos. ¡Gracias, Herminia! Pulsa sobre la imagen para verla más grande y con las etiquetas de qué es cada cosa. Y aquí, para el relato completo ilustrado.
    Y la tarjeta, y se hizo el orden

  • Irse a Cuenca, o irse de Cuenca

    Vicky Cristina Barcelona

    Hace unos días estuve en Cuenca y, preguntando por un restaurante a la chica de la caseta de turismo, me dijo textualmente: “Si yo me estuviera muriendo nunca vendría a Cuenca”. Me resultó sorprendente que soltara esa frase sin venir a cuento… (…) Arturo Kortázar, Bilbao.

    (…) A mí me hizo pensar mucho lo que me dijo un médico: yo no se lo digo nunca, les pregunto para qué quieren saberlo. Me dicen que, si van a morir a los cuarenta, necesitan saberlo para cambiar de vida. Tienen que tomar decisiones: casarse o no, estudiar latín o gastarse los ahorros, volver a Zaragoza o irse a vivir a Cuenca. El médico les respondía: si de verdad quiere, cambie de vida ahora. Se va a morir igual, de Huntington o de otra cosa, y no sabe cuándo, así que no pierda el tiempo. Si de verdad no quiere morir en Cuenca, no vaya. Si quiere dilapidar su fortuna, dese prisa. La único cierto es que la muerte llega en cualquier momento, no espere al resultado de un análisis para vivir de verdad su propia vida. Hay que escapar de Cuenca de inmediato, si uno no quiere morir sin haber vivido.

    Cartas con respuesta, de Rafael Reig, en el diario Público

    Todo es mentira«¡Me voy a Cuenca!» repetía Coque Malla en Todo es mentira. Desde entonces la frase forma parte de mí. También la sensación de que Penélope Cruz puede matarte simplemente gritando. La frase me voy a Cuenca ha sobrevivido a otras cosas que se supone que pasan en la película pero yo no recuerdo: como que la protagonista se llama Lucía (como mi hija); o que es traductora (como yo). Si queréis ver una versión actualizada de Pe haciendo más menos el mismo papel, dirigíos al pase más cercano de Vicky Cristina Barcelona: en cierto modo, pensaba ayer, la película también va de Irse A Cuenca.

    Y no es que olvidar sea raro en mí: por ejemplo, mientras leía el texto sobre Cuenca sí, Cuenca no, ayer era el día del traductor. ¡Felicidades traductores, con un día de retraso y 364 de adelanto! Ejem, problema solucionado.

    También pensaba, bueno, si me estuviera muriendo, estaría haciendo lo mismo: no cambian mis decisiones sobre casarme, estudiar latín, dilapidar mi fortuna mis ahorros, no volver a Zaragoza (para mí, el aeropuerto de Atlanta), o irme a Cuenca (a Cartagena, en mi caso). Pensar esto me da una cierta tranquilidad.

    ¿Estoy haciendo lo que quiero hacer en el sitio en el que quiero estar?

    Sí.

    En estas cosas pensaba ayer mientras dejaba sin escribir el artículo sobre que si San Jerónimo y si la Biblia traducida por aquí y happy translators day to you por allá. Quizá he fallado a los que me han puesto el nº 168 en esta lista de los mejores blogs sobre lenguaje/idiomas (¿¡estoy en una lista de blogs!? ¿¡hay alguien leyendo!? 🙂 ¡hola!). A ver si el año que viene no me pongo reflexiva cuando es hora de escribir, y llego al top 100.

    Pensaba también que ni Cartagena, ni Cuenca, ni Oviedo, ni Barcelona, son Nueva York. Pero si los mira Woody Allen, sí que son su Nueva York. La ciudad de la que huyes está dentro de ti, decía Cavafis (más o menos).

    Estoy contenta con Cuenca, con mi Cuenca. Más me vale, porque no puedo entrar ni salir de ella: la llevo dentro.

  • Un vistazo a mi mesilla de noche

    Life of Pi, by Yann Martel: ilustración de Tomislav Torjanac

    A lo que hay encima, que es lo más interesante: libros, libros, y más libros. Llevo un tiempo queriendo escribir sobre el caótico batiburrillo curioso conjunto libros junto a los que duermo, y a veces incluso, leo. Sin embargo, van cambiando a menudo y normalmente no me parece que sean material de blog, por decirlo así, porque llevo mucho retraso con respecto a los libros que quiero leer y para cuando los he leído, está prácticamente todo dicho sobre ellos. Quizá la validez de esto, como mensaje, sea que a través del conjunto de ellos digo algo sobre mí. Aquí van, pues, mis libros para estos días de lluvia:

    • Life of Pi, de Yann Martel (Man Booker Prize 2002, bla, bla, bla, crítica del NYT). Oh, este libro es buenísimo. Lo recomiendo mucho y cuento poco. Baste decir que va de un curioso naufragio: que está muy bien escrito; que es original; que nada de lo que dice me ha dado una patada ideológica en el hígado; y que te trata muy bien como lector. Si lo regalara a alguien, no elegiría el que tengo yo, sino la versión ilustrada de Tomislav Torjanac, porque las ilustraciones realmente me han impresionado. La otra opción sería comprarme yo el bonito quiero quiero quiero ilustrado y regalar el cutre de bolsillo que tiene una historia conmovedora de espera en un aeropuerto… hmm…
      • Qué me ha llegado: el sentirme identificada con el libro, y además en un momento concreto: náufraga en un aeropuerto, frente a la puerta que decía: sala de meditación.
      • (Antes de cruzarla me imaginaba una gran sala inespecífica, con moqueta, luces bajas, donde, efectivamente, se pudiera meditar, hacer yoga, pensar sin ruido. Al cruzarla me encontré frente a tres puertas, al estilo de la segregación por género de los cuartos de baño y aproximadamente igual de acogedoras. Tenían una cruz, una estrella, y una ¿luna? No sé, había sandalias al lado, en un pequeño estante. Anécdota: la única que estaba cerrada y vacía era la de la cruz. De repente me sentí aún más triste, y me fui.)
    • La guía de París de Lonely Planet.
      • Bah. La elegí porque, debido a una serie de catastróficas desdichas, (que incluye comprar 6 billetes y usar 2), mi estancia iba a durar sólo tres días y por prudencia sería más low cost. Normalmente elijo la de DK o El País Aguilar, y tengo, así de un vistazo en primera fila de la estantería, Vienna, Budapest, Greece: Athens and the Mainland y Berlin de DK y España y Roma de El País Aguilar. Estas guías hacen muy bien la parte del arte y la historia: la fotografía es preciosa y están bien ilustradas. Tienen planos en 3D para pasear y que te orientes en los museos. Sin embargo, en cuanto a gastronomía, su enfoque suele ser ciertamente en el Bulli se come bien, no se lo pierda, lo cual si bien es cierto, no es muy práctico. Especialmente cuando ya has superado el presupuesto del viaje y todavía estás esperando en el aeropuerto. Así que con una en cada mano, en un autoservicio de libros de Barajas me llevé la de Lonely Planet esperando una lista de sitios en los que se pudiera comer rico y razonable, ver los sitios obvios, pasar una tarde en el Louvre, y fin.
      • Lo bueno: sí que los contenía.
      • Lo malo: necesitabas ir al menos a tres páginas distintas para localizarlos en el plano. Pasé más tiempo perdida por la guía que perdida por París.
      • Conclusión: si no hubiera apuntado en el plano las recomendaciones personales de un pintor venezolano que conocí en el Louvre, la regalaría.
    • El lunes lo pasé enterito en Charles De Gaulle, experiencia que debo agradecer a una huelga de trenes. Pero aproveché, y eso mejoró muchísimo el día, para leer No valgo para vender, de Eloísa Martínez Santos (Ediciones Obelisco, Madrid 2007, ISBN: 978-84-9777-385-0, 192 páginas).
      • Qué andaba buscando: un libro que me explicara por qué todo el mundo vende con naturalidad y comodidad, menos yo.
      • Lo que descubrí: que mucha gente, como yo, tiene sentimientos contradictorios respecto a la actividad y profesión de las ventas. Que hay muchísimas cosas que estaba haciendo bien. Que es común, que se puede superar y que, como todo, es cuestión de trabajo y sinceridad. La verdad es que me animó mucho y ya lo he incluido en la biblioteca de Matiz (nota mental: publicar una foto, de cerca, de la estantería de la oficina).
      • Lo mejor: el entusiasmo contagioso de la autora y los consejos de sentido común.
      • Más: aquí hay un artículo de la autora que es prácticamente un resumen del libro. Va al grano, pero claro, ya no están las citas memorables ni las anécdotas divertidas.
      • Mi resumen: el mejor curso de ventas que he hecho. Coste total: 11€.
    • El siguiente que voy a leer sobre ventas: 12 pilares de la venta, de Barry Farber. Opinaré… cuando lo haya leído, claro. (Empresa Activa, 2005, ISBN: 84-95787-86-5, 217 páginas).
    • Shogun, A novel of Japan, de James Clavell. Un clasicazo (de 1975, el año: de 1152, las páginas) que me está encantando, prestado por María. Como me ha hecho saber con claridad y firmeza que aun siendo un libro de bolsillo le tiene cariño y es especial, lo tengo forrado con las tapas de una revista vieja de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Murcia, que pone:Jóvenes empresarios: talento y motivación. Es un extraño recordatorio… y oye, es papel satinado mate de alto gramaje que de otra manera iba directo al contenedor azul. (Tercera edición, Dell 1986, ISBN: 0440178002, 1152 páginas de placer).
    • La semana laboral de 4 horas, de Timothy Ferriss. (RBA 2008, ISBN: 978-84-9867-205-3, 367 páginas). Porque si consiguiera trabajar 20, ya sería un éxito. Me gusta del libro los consejos prácticos para guiarte y guiar tu empresa por objetivos, y por objetivos además tangibles. [publicidad subliminal ON] ¡Ejecutivos del mundo, subcontratad la traducción! [publicidad subliminal OFF] Está traducido además por una compañera de lista de traducción, María Rodríguez de Vera. Por cierto, gran trabajo. 🙂
    • Adiós Cataluña, de Albert Boadella. Mi madre, en su infinita sabiduría, me ha prestado este libro de y sobre el fundador de Els Joglars. Libro en el que, como al parecer es su costumbre, no deja títere con cabeza en ningún frente. Me están gustando sobre todo las anécdotas en las que reproduce cartas que ha escrito. Soy gran fan de las cartas que dejan las cosas en su sitio con humor, y en general de todo género extremadamente bien escrito. Tengo además gran simpatía por los que se lanzan de cabeza contra los camiones de dieciséis ejes de lo establecido, y, además, se lo pasan bien. Esto en mi opinión lo tiene en común con Timothy Ferriss, con el mérito añadido de llevar toda la vida en ello y enfrentarse a gobiernos, oposición de turno, medios de comunicación y poder religioso. (Espasa Calpe 2007, ISBN: 9788467026351, 284 páginas).
    • Professional English in Use: FinanceSi pensábais que la ratio de friquismo lingüístico de este artículo era más bien baja, pensad de nuevo. De Cambridge University Press:

      Mi idea es no sólo aplicarlos a mi trabajo actual, sino también usarlos en Matiz como referencia para que podamos no sólo aplicarlo, sino explicarlo de manera sistemática, clara, y concisa.

    Mirándolos, casi tengo ganas de que llueva unos días más. Casi.
    Espero que os haya gustado cotillear en mi mesilla… ¿qué tenéis vosotros?

  • Sigo lesionada, pero estoy animada

    Besos a Multimaníaco

    Y estoy animada porque he vuelto a currar, y es que tengo una especie de… podríamos llamarlo… adicción al proyecto de Matiz. Y los muy interesantes subproyectos que están por llegar. Aún no estoy al 100%, pero ya contaré más detalles cuando acabe de sacarle rendimiento a mi flamante Dragon Naturally Speaking. Mientras, deseadme suerte: yo mientras me rodeo de sietes (número de la suerte occidental) y ochos (número de la suerte oriental). Y mucho amor. (Foto: Franqui)

    PD: Multimaníaco, qué melena más hermosa llevas 🙂

  • Ha sido largo y doloroso, pero hemos aprendido mucho

    Edición de Círculo de LectoresMe refiero, principalmente, a dos cosas: una, montar una red cuando todo se pone en tu contra (finalmente, como siempre, Linux era la solución) y acabarme Las Benévolas, el premio Goncourt 2006 (ISBN: 9788489662520, aunque yo me he leído la edición del Círculo). Normalmente, si sigues voluntariamente haciendo algo que no es fácil, no es placentero y sobre todo, no es muy muy rápido, es por algo. En este caso, porque realmente me interesaba poder compartir operativamente archivos y datos de aplicaciones de gestión, y porque quería saber más historia, y cómo un chaval, aparentemente como cualquier otro, acaba en las bajezas/altas esferas de las SS en durante la caída del Reich.

    Estoy contenta de haber acabado ambas cosas. No ha sido fácil, no exactamente placentero y sobre todo, en absoluto rápido. El otro día en un momento aleatorio leí en un blog de una periodista de belleza la felicidad que sentía al acabar un tarro de crema. Para ella significaba que había encontrado algo útil, algo que funcionaba y merecía la pena seguir usando, llevarlo hasta el final. Salvando las distancias, comprendo la sensación de felicidad al conseguir, por fin, acabar algo, y no sólo empezarlo. Y que cuando por fin está terminado, sirve.

    He aprendido muchas cosas de redes y de historia estas últimas semanas. El horror no tiene límites: la necedad y la maldad, tampoco; no hay que dar órdenes sin dar medios; un ordenador sólo puede tener una puerta de enlace; y, al final, hazlo con Linux.

    §§§

    Añade el fotógrafo ocioso:

    —Cuánta felicidad proporciona el señor Linux, parece un amante…
    —Añadiré que es poco celoso, y no me quiere cobrar.
    —No se puede pedir más… Bueno , que no tenga virus, y que no te deje tirado.
    —Pues eso me lo da mi amante Linux.

    Mientras, sigo a la fuerza con Windows XP, que es lo que me obliga mi entorno a tener (pero del que también me costaría mucho cambiar). Ah, cuando por fin tengamos libertad. Será largo y doloroso, pero aprenderemos mucho.

  • A vueltas con la monomaternidad

    Paco y Ramón son novios

    Llevo ya un día entero pensándolo, y en realidad yo podría, siguiendo la letra, presentarme a la subvención como familia monomarental. De hecho, cualquier pareja heterosexual con hijos podría considerarse una familia monomarental, ya lo dice el dicho (y repetí yo ayer) madre no hay más que una. En propiedad, hay dos excepciones:

    • el caso de las parejas de lesbianas con hijos, que siguiendo la línea del ministerio serían familias bimarentales
    • el caso de las parejas de gays con hijos, que siguiendo la línea del ministerio serían familias… ¿biparentales? ¿bipaternales?

    Oh, caramba. Encontramos aquí un problema, porque en realidad todas las familias en las que haya dos unidades parentales (¡como en la película de los Caraconos!) son en realidad biparentales. La verdad es que dudo que la gran mayoría, cuando dice «mis padres», se refiera sólo a los hombres que han sido figuras paternales en su vida. Esa gran mayoría de las personas que habla de sus padres se refiere a su padre y a su madre, un hombre y mujer, que es el caso más extendido hasta ahora. Y tus padres no se ofenden por eso. No creo que el caso más extremo siquiera (una pareja de lesbianas) se ofendiera por ello, aunque sería interesante investigarlo.

    Estaba pensando ¿una pareja de lesbianas que se divorcia, y comparte la custodia, se convierte en dos familias monomarentales? Eso doblaría las posibilidades de obtener la subvención.

    §

    No puedo publicar esto sin publicar un comentario sobre la foto que lo ilustra, a saber, un mini póster fascista (sí, aunque no lo parezca) que me he encontrado varias veces por Cartagena. Para los que tengáis algún problema para ver la foto, os la describo. Es una maestra de escuela ante una pizarra en la que se lee:

    • Paco y Ramón son novios
    • Las razas no existen
    • España es mala
    • Ana tiene dos mamás

    Pongo la foto porque cada vez que lo leo me dan ganas de firmarlo. Me llena además de felicidad que todas las frases sean gramaticalmente correctas y carezcan de faltas de ortografía (aunque tipográficamente les falta el punto al final). Por supuesto hay una parte debajo en la que se protesta por la debacle, el horror, el Apocalipsis, los tiempos modernos y demás, pero no lo saqué en la foto porque para qué. Es más graciosa así.

    Quizá la frase me gusta menos es «España es mala», que me recuerda a aquella de Chomsky, la de «Colorless green ideas sleep furiously» (ideas verdes incoloras duermen furiosamente). Es gramaticalmente correcta, pero un sinsentido en el fondo. ¿Puede un país entero ser malo? ¿o bueno? ¿EEUU es malo? ¿China es mala? ¿Rusia es buena? ¿bueno o malo para qué y respecto a qué? Hay cosas malas en España, como la gente que tiene faltas de ortografía, y cosas buenas, como la tortilla de patatas (¡con cebolla!). Seguiremos informando.

  • Familias monomarentales: ¿porque madre no hay más que una?

    Boe de la subvención Emprender en femenino

    Esta mañana he llegado al trabajo y María me ha puesto al día de la última subvención. Me leía los criterios de baremación de una convocatoria de subvenciones, en concreto la del programa del Instituto de la Mujer que han dado en llamar «Emprender en femenino» (nombre con el que no me meteré aún). Si os interesa la subvención en sí, está en la página 23758 del BOE (Lunes 19 de mayo de 2008, BOE núm. 121). A lo que iba: estaba María leyendo los criterios, e íbamos haciendo la suma mentalmente (con pocas esperanzas):

    —Pertenencia a alguno de los siguientes sectores: industria, no; construcción, no; tecnologías de la información y la comunicación…

    —Bueh, quizá.

    —… sector tecnológico (I+D), desarrollo sostenible… la conciliación de la vida laboral y familiar…

    —Podría ser.

    —… pero como servicios a personas dependientes…

    —Ah, pues no.

    —… medidas o planes de igualdad entre mujeres y hombres; el fomento del desarrollo local; la memoria del proyecto (pero sólo hasta 1 punto) y la pertenencia a alguno de los colectivos preferentes siguientes, a saber…

    —¿Lo de siempre?

    —Víctimas de violencia de género, discapacitadas, inmigrantes, familias mono… monomaren… ¡monotrema! ¿ornitorrinco?

    [en este momento pone cara de haber salido de Matrix para encontrarse, de repente, con que el mundo real es en realidad ese prado surrealista de los Teletubbies, y que un ornitorrinco la mira, en plan animal del poder, y le dice «¡deslízate!»]

    —¡No, no, pone mo-no-ma-ren-tal! ¡Monomarental! ¡No monoparental! Tiene cojones. Están dando subvenciones a mujeres, y tienen que especificar que es mono-marental, no mono-parental.

    —Claro María, es que son monomarentales. Ya sabes, porque madre… no hay más que una.

    Lo que hay que leer. ¿Qué será lo siguiente, los parientes y las marientes? Y además por ley, en el BOE. Si es que ya lo dijo Don Arturo, bueno, y Cicerón:

    Ō tempora! Ō mōrēs!