Por ser parte de un grupo y experimentar la misión
Para que te valoren
¿Por qué siempre nos fijamos en el punto uno? ¿Por qué anunciamos trabajos o ascensos como genéricos respecto a los puntos dos a ocho, como si el punto uno fuera la única diferencia? De hecho, a menos que seas capo de un cártel u operador de Wall Street, supongo que los otros factores están en juego cuando que piensas en tu trabajo.
(PD: Feliz cumpleaños Corey).
Por qué no trabajar (en eso): corolario
Me apuntan María y Yeray por Facebook que hay gente a la que no le gusta su trabajo. Esto está claro como el agua, y además hay razones miles para que tu trabajo no te guste. Para empezar, que es un trabajo. Como decía no sé quién «yo mi trabajo lo haría gratis, si cobro es por contestar los p**s emails».
La lista puesta al revés es un buen comienzo.
Por qué te gusta / Por qué NO te gusta tu trabajo
1. Por dinero / Porque te pagan poco
2. Para enfrentarse a un reto / Porque es siempre igual o porque es demasiado difícil
3. Por el placer o la vocación de hacer ese trabajo / Porque te resulta desagradable o porque odias esa actividad
4. Por el impacto que tiene en el mundo / Por el impacto que tiene en el mundo (malo desde tu punto de vista)
5. Por la reputación que obtienes en la comunidad / Por la reputación que obtienes en la comunidad (mala desde tu punto de vista)
6. Para resolver problemas interesantes / Porque es un aburrimiento
7. Por ser parte de un grupo y experimentar la misión / Porque formas parte de un grupo que no te gusta, porque tus compañeros son desagradables, porque no hay misión o te importa poco o te parece mal
8. Para que te valoren / Porque no te valoran
En serio, bueno, o matará mi escritura porque no hago más que encargar (¡y leer!) libros. Es como ir a una librería de Londres, pero sin salir de casa y sin que te pese la bolsa. Un peligro. Un peligro muy gordo. Esto es lo que me acaba de llegar (y hay otros dos pedidos en camino):
Aun así, mi mesilla ya contenía lo siguiente, mezcla de leídos y por leer:
Tengo empezados los de Dawkins (cortesía de Mr Carbonara), Crystal (desde hace milenios) y Twain (edición bilingüe sacada ¡oh sí! de la Biblioteca Regional). Ya os cuento de Palahniuk, Pratchett y Follett.
Como dije en twitter, voy a escribir un artículo para La Linterna del Traductor, sobre subtitulación y VisualSubSync. Me he traído bibliografía de la oficina: Teoría y práctica de la subtitulación Inglés-Español de Jorge Díaz Cintas, y Subtitling, de Jan Ivarson y Mary Carroll (que tecnológicamente está pasadísimo, pero todavía contiene cosas interesantes).
Como no me regaléis crack, o una suscripción al WoW o algo, esto no tiene pinta de parar. Me encanta mi vida.
Me llaman del banco a las ocho y media de la noche de un martes después de puente, con la esperanza de que les compre unos fondos estructurados ligados a Telefónica, Vodafone, Hyundai e Inditex. Por supuesto me llama una chavala majísima de sensual voz. Para más datos, para los que gusten de estas cosas, con un cierto acento gallego.
Es el equivalente bancario de la llamada borracha del sábado a las dos de la mañana.
Mi primera reacción después de colgar es, joder, vas a llevarme al huerto ¿y no me invitas ni a una copa primero?
No, no gracias. Hace seis meses necesitaba mi línea de crédito de la empresa y me la quitasteis de debajo de los pies. Ahora no me vengais con historias de eres muy importante para mí, vamos a darnos otra oportunidad.
La frase que más me ha dolido ha sido por supuesto, en ningún momento perdería usted su dinero. Argh. Esto equivaldría a lo de no haremos nada que tú no quieras.
Que no te atrape el dogma, que es vivir con los resultados del pensamiento de otros.
Don’t be trapped by dogma – which is living with the results of other people’s thinking.
Es una de las cosas que a mí, en concreto, me cuesta en general. Cambias algo relevante (estudios, trabajo, relación) y te preguntas cómo lo explicarás. Cómo se verá. Si encajarás en un estereotipo que no te gusta (incompetente; inculto; mala persona; maruja; cobarde).
Maruja es uno de los que a mí, por ejemplo, me da auténtico pavor.
Mi imagen de maruja: una respetable y conservadora señora que trabaja en su casa, preferiblemente con hijos, mantenida por otra persona, y que se ocupa de la gestión doméstica y de micronoticias hiperlocales. Quizá haga alguna otra cosa, como entretenimiento. Uuf. Muy bien, pero para otra.
Según la RAE es un ama de casa de bajo nivel cultural. No voy a entrar a trapo con el machismo de las definiciones de la RAE, pero investiguen ustedes y verán. Ama de casa lo definen como mujer que se ocupa de las tareas de su casa. Ahí falta «profesionalmente»; si no, toda mujer con casa que no delegara esas tareas en otros sería ama de casa… oh… ¡caramba, qué coincidencia!
Obviamente, si me conoces sabes que nada está más lejos de la realidad. Como autónomo o emprendedor (me digo a mí misma), cuando el trabajo escasea o va mal, por defecto puedes parecer estar en esa categoría. Un rato más de la cuenta fregando o en pijama y te preguntas ¿estaré marujeando?
No sé si es terapéutico o sintomático, pero alquilamos oficinas, vamos a encuentros, o escribimos blogs autorreferentes. Me explico para quien no me conoce, pero también como si yo no me conociera.
Lo que quiero decir es que a mí me cuesta no verme así. Mejor dicho: tengo una tendencia a hacer cosas (sólo) para evitar ese estereotipo. Tengo que hacer un esfuerzo para pensar: esto es un espejismo, y reaccionar ante él es negativo. Ignóralo.
Pero es que te impulsa a crear innovación, empresa, empleo… la nueva realidad 2.0, tu contribución a las nuevas tecnologías de microgestión de…
Blablablá.
Marujismo y emprendedurismo, dos caras de la misma m…oneda.
Moldes.
Resultados de otros.
Dogma.
Sólo existe tu trabajo, el trabajo hacia dentro con el que tú creas la manera en la que recuerdas tu vida, la manera en la que las cosas que haces dan forma a tu mente, la manera en la que amas lo que haces, lo que estás haciendo aquí y ahora, la gente con la que te estás relacionando. Sabes lo que hay y te gusta, aprendes a quererte a ti mismo y así querer a y aceptar cómo te quieren los demás.
Y aquello de que una mujer es más auténtica cuanto más se parece a cómo se soñó a sí misma (esto es de Almodóvar).
¿No era que «la realidad es aquello que se resiste a desaparecer cuando la ignoras»?
El siguiente paso se resume en: ignora a todo el mundo. Irónicamente eso es de un libro/blog/cosa de Hugh McLeod, Cómo ser creativo. Y lo que viene a cuento ahora es la frase «no compares tu interior con el exterior de los demás». No compares lo que tú puedes hacer por ti mismo con lo que han hecho los demás. No compares cómo te ves a ti mismo por dentro con lo que los demás muestran de sí mismos. No compares quién eres con lo que los demás ven. No compares quién eres con lo que ves de los demás. No vivas con el resultado del pensamiento de otros. No encajes en moldes de otros, sin darles tu propia vuelta.
Hace poco me he dado cuenta de lo orgullosa que estoy de mi padre. El otro día me regaló un ejemplar de su último libro (que no he leído entero aún, leí partes del primer manuscrito, impreso en A4 y encuadernado con gusanillo) y en la dedicatoria decía algo sobre los valores compartidos. Me llamó la atención, porque es cierto que comparto valores con mi padre, aunque hemos llegado a ellos de maneras diferentes, o nos han llevado a sitios diferentes. Para él es relevante que su pensamiento en sí es cristiano. Yo no me veo así. Quizá sea una parte que influye al resto, pero no un manto bajo el que todo se cobije. Sin embargo, parte de lo que me gusta de haber crecido siendo la hija de un filósofo (aparte de los campamentos de filosofía para niños, las novelas de Lipman, los tests, esas cosas en las que los hijos de profesores somos su conejillos de Indias) es que siempre me ha animado a pensar por mí misma, y en ese sentido, nunca me han animado a vivir en el dogma, con los resultados del pensamiento de otros, sino con los míos.
Hay una anécdota que cuento mucho sobre la filosofía, cuando en casa nos reímos de estar rodeados de matemáticos y filósofos. Dice así:
La filosofía es como una tienda frente a la que pasas todos los días, con un escaparate, y en el escaparate un cartel que dice: «Se lava la ropa». Hasta que un día, coges tu ropa sucia y la llevas allí, pero al entrar te cuentan que ellos no lavan la ropa: sólo hacen carteles.
La filosofía no da respuestas, hace preguntas. No lava la ropa, hace carteles. Curiosamente, investigando para este artículo he descubierto que es de Kierkegaard. A saber de dónde lo habré sacado, ya que me temo que, a pesar de mi padre, qué va, qué va, yo no leo a Kierkegaard.
Así que sigo pensando. Sigo acarreando mis trapos sucios, preguntándome dónde lavaré la ropa esta vez.
Hoy empiezo de verdad a publicar las preguntas que me hacen por correo electrónico (que siempre contesto, aunque a veces tarde un poco).
La última puede que beneficie a alguna agencia de la competencia, así que lo justo será que beneficie (si sirve) a todas las que hubieran querido hacer la misma pregunta.
Primera pregunta de la (virtual) saca de correo:
¿Hay algún test normalizado para evaluar traductores? Libre (sin tener que pagar licencia) preferiblemente?
Mi respuesta: No, no hay ningún test normalizado, porque no hay un resultado preferible normalizado.
Dependiendo de para qué quieras al traductor, buscarás unas cualidades u otras. Dicho esto, hay entidades que dan certificados a los que puedes asignar mayor o menor valor dependiendo de para qué estés
seleccionando al traductor. Actualmente en Europa el estándar de medición de lo adecuado de un traductor para la UE es la EN15038, que requiere (entre otras cosas):
licenciados en traducción e interpretación, o grado equivalente de
su país de origen,
o con una cualificación distinta en otra especialidad, y experiencia
equivalente en proyectos profesionales de 2 o más años,
o bien con experiencia documentada de al menos 5 años en traducción.
Te interesa que esa formación o experiencia sea en el mismo campo en el que pondrás al traductor a trabajar.
Aparte, hay entidades que certifican ciertas habilidades en traducción, como por ejemplo:
SDL Trados, que certifica la habilidad con su software de memorias de traducción.
La web ProZ.com emite la certificación «PRO» que mide la satisfacción de los clientes que han trabajado con esos traductores (pero es sólo válido para miembros de pago).
Ricardo Schiaffino (de About Translation y Aliquantum) y Franco Zearo (de Lionbridge) crearon una web (y una gran colección de estudios) sobre calidad en traducción, que es de lectura obligada, prácticamente.
Con más datos puedo ayudarte de una manera algo más concreta.
La pregunta clave es:
¿Para qué quieres hacer una prueba a unos traductores?
Respecto a las pruebas de traducción: personalmente estoy más a favor de los pequeños encargos pagados, en situación real, que de las pruebas de traducción. Las pruebas de traducción, aunque no sean remuneradas, no son gratuitas, puesto que requieren gran cantidad de trabajo por parte de la agencia, de todas maneras. Tampoco son realistas, porque tú siempre ayudarías al traductor a dar lo mejor de sí mismo, con glosarios, ayuda, preguntas al cliente, etc.
¿Qué os parece? ¿Me he dejado algún recurso obvio, algo que debería haber tenido en cuenta?
Noticias razonablemente frescas: ¡nuevo blog en el vecindario! Me acabo de enterar por este comentario de que María Barrios tiene nuevo blog. Será público puesto que lo ha dicho en un blog ¿no? Se llama
Ser un profesional no es suficiente, o bien, lo mejor es enemigo de lo bueno
Menos no es necesariamente más
No confíes en el estilo
Tu forma de vida cambia tu cerebro
La duda es mejor que la certeza
Envejecer (Sobre envejecer con estilo: no importa)
Di la verdad
Frau Barrios, el día que te fuiste me bajaron el sueldo emocional. Paradójicamente y para equilibrar, también me dio menos miedo perderlo. Siempre he dicho (incluso antes de que vinieras) que es mejor haber tenido y perdido que nunca haber tenido.
¿Qué queda claro? Lo casi insoportable es tener miedo a perder.
Es una de las cosas que es curiosa de emprender tu propio negocio: muchas veces te sientes más como un ludópata que como un constructor de catedrales. Siempre he dicho que no tengo madera de ludópata, porque para ser ludópata te tiene que gustar perder (jugar mucho es perder: si no te gusta ¿qué haces perdiendo todo el rato?) y a mí me gusta más ganar. Ése es uno de mis fallos, como empresaria y cuando juego al Texas Hold’em.
Claro que tampoco me veo construyendo catedrales. Quizá soy más como un hobbit, en que lo que me gusta es ver las cosas crecer, que el poder no me tienta gran cosa y que mi punto fuerte son las carreras de fondo.
Yo voy a ver si hago crepes Garaulet para el segundo desayuno hobbit (es lo que tiene levantarse a las 6:30).
En los últimos años he descubierto que es la pregunta del millón. ¿Qué es lo que te lleva a hacer lo que haces? No por qué lo empezaste: por qué lo sigues haciendo. No por qué lo convertiste en una rutina: por qué no la interrumpes. ¿Por qué esto y no otra cosa?
Cuando abrí Matiz la gente me preguntaba ¿es difícil abrir una empresa? Ya desde el primer año, y ahora que queda tan poco para que cumplamos cuatro años, la respuesta está clara. Lo más difícil no es abrir el primer día. Lo difícil es abrir todos los días. Los buenos, y los menos buenos.
Llegado a un punto, lo siguiente más difícil es parar, irte a casa y hacer otra cosa. Da un poco de miedo, a veces: pero hay que hacerlo.
¿Por qué una empresa? ¿Por qué esta y no otra? ¿Por qué así y no de otra manera? ¿Por qué abrir una empresa aquí en vez de trabajar para una empresa grande allá, o dar clase de español en una isla griega, volver a la universidad y estudiar Bellas Artes, o trabajar a tiempo completo para una ONG de las querespeto, o escribir mucho y traducir poco (y no al revés)? Estas preguntas son necesarias. Es positivo cuestionarse el camino que uno ha emprendido (¡aunque no todo el rato!).
Al final, lo que gana, lo que te decide (en mi caso) es que no querría trabajar en una empresa que me impidiera hacer lo que voy a hacer ahora. No es un secreto que ahora mismo he cambiado mis prioridades durante al menos unos meses aplicado el cuento en mi vida real. ¿Por qué no parar unos meses y dedicarme a esta otra cosa? Y sobre todo: ¿cuál sería el precio de no parar? ¿qué error estamos dispuestos a asumir?
NOTA: Que no cunda el pánico: mi flamante socia María José Torrente se ocupa de Matiz mientras no estoy.
Pablo siempre me dijo que me faltan vidas para hacer todo lo que quiero hacer. @Minimaiko por su parte, que en su caso su trabajo es lo que hace, y en el mío, mi trabajo es lo que soy (y por eso sufro). Luego leí algo parecido de Jobs en la entrevista que le hizo Stephen Fry: No pienso en mi vida como una carrera profesional. Hago cosas. Respondo a cosas. No es una carrera: ¡es una vida! («I don’t think of my life as a career,» he says. «I do stuff. I respond to stuff. That’s not a career — it’s a life!»). De @Yoriento se me quedó la frase motivación es tener motivos.
Hay cuatro vídeos que se me han quedado grabados en la memoria en los últimos años. Pienso que merece muchísimo la pena verlos, especialmente los tres primeros, que cuentan en primera persona su experiencia. Son, además, J. K. Rowling, Steve Jobs y Randy Pausch: una escritora, un emprendedor y un académico, hablando para (respectivamente) Harvard, Stanford y Carnegie Mellon.
Los tres, en resumen, hablan de por qué debes hacer lo que te dé la gana con tu vida. Se dicen muchas tonterías sobre la importancia del fracaso, pero en cierto sentido el fracaso es sólo un tipo de dolor que, bien vivido, te ayuda a aclarar la mente: ¿qué he perdido? ¿qué ha quedado?
¿Sabíais que J. K. Rowling trabajó en su día en Amnistía Internacional? ¿Que está demostrado que los incentivos puramente monetarios desincentivan? ¿Que cuando dejas algo tienes la oportunidad de empezar otra cosa? ¿Que las cosas que soñaste que harías… a lo mejor, puede ser, que no fueran tonterías?
Una de las cosas que me encanta de vivir en el aquí y el ahora (en vez de en una de mis mil vidasa lo pirata cojo de Sabina) es que yo también puedo escuchar a estas personas, tal y como hablaron a los alumnos de esas universidades en las que (de momento) no he puesto un pie.
Hoy os dejo los vídeos, os los comento uno a uno en otros «momentos pomodoro» que me deje el peque de la casa.
(Así avanzo, porque si no no publicaré esto nuunca… 🙂
The first thing I would like to say is ‘thank you.’ Not only has Harvard given me an extraordinary honour, but the weeks of fear and nausea I have endured at the thought of giving this commencement address have made me lose weight. A win-win situation! Now all I have to do is take deep breaths, squint at the red banners and convince myself that I am at the world’s largest Gryffindor reunion.
Delivering a commencement address is a great responsibility; or so I thought until I cast my mind back to my own graduation. The commencement speaker that day was the distinguished British philosopher Baroness Mary Warnock. Reflecting on her speech has helped me enormously in writing this one, because it turns out that I can’t remember a single word she said. This liberating discovery enables me to proceed without any fear that I might inadvertently influence you to abandon promising careers in business, the law or politics for the giddy delights of becoming a gay wizard.
You see? If all you remember in years to come is the ‘gay wizard’ joke, I’ve come out ahead of Baroness Mary Warnock. Achievable goals: the first step to self improvement.
(Destaco algunas cosas graciosas, pero lo interesante es el discurso completo).
De repente, algunas cosas encajan:
One of the greatest formative experiences of my life preceded Harry Potter, though it informed much of what I subsequently wrote in those books. This revelation came in the form of one of my earliest day jobs. Though I was sloping off to write stories during my lunch hours, I paid the rent in my early 20s by working at the African research department at Amnesty International’s headquarters in London.
Pero bueno, os lo estoy poniendo todo desordenado. Me ha inspirado de muchas maneras:
So why do I talk about the benefits of failure? Simply because failure meant a stripping away of the inessential. I stopped pretending to myself that I was anything other than what I was, and began to direct all my energy into finishing the only work that mattered to me. Had I really succeeded at anything else, I might never have found the determination to succeed in the one arena I believed I truly belonged. I was set free, because my greatest fear had been realised, and I was still alive, and I still had a daughter whom I adored, and I had an old typewriter and a big idea. And so rock bottom became the solid foundation on which I rebuilt my life.
Steve Jobs en Stanford, me lo mandaron mil veces pero sólo lo vi cuando me lo envió mi padre. Que (cuña publicitaria) acaba de sacar un libro nuevo, esta vez sobre Ética profesional de los profesores.
Randy Pausch: «Last Lecture: Achieving Your Childhood Dreams» (Y gracias a @Txemacg de 1/4 de ambiente por dejarme el libro)
Dan Pink: «The surprising truth about what motivates us» (Via Conor Neill)
Anything is one of a million paths. Therefore you must always keep in mind that a path is only a path; if you feel you should not follow it, you must not stay with it under any conditions.
….
All paths are the same: they lead nowhere. They are paths going through the bush, or into the bush. In my own life I could say I have traversed long, long paths, but I am not anywhere. My benefactor’s question has meaning now. Does this path have a heart? If it does, the path is good; if it does not, it is of no use.
Both paths lead nowhere; but one has a heart the other does not. One makes for a joyful journey; as long as you follow it, you are one with it. The other will make you curse your life. One makes you strong; the other weakens you.
The trouble is nobody asks the question; and when a man finally realizes that he has taken a path without a heart, the path is ready to kill him. At that point very few men can stop to deliberate, and leave the path.
A path without a heart is never enjoyable. You have to work hard even to take it. On the other hand, a path with heart is easy; it does not make you work at liking it.
Los más implicados y cercanos ya lo saben, pero la noticia resumida es la siguiente:
Una de las razones de que ande tan contenta últimamente es que estoy embarazada de tres meses.
Espoilers
La fecha estimada del parto es el 4 de septiembre.
Va todo bien.
Estoy cuidándome más que nunca, intentando dormir, comer, hacer ejercicio regular, ver amigos, no tomar disgustos, y por supuesto, emprender proyectos que me ilusionen (porque eso no hay quien lo cambie). En resumen, voy a hacer de 2010 un año en el que seré un tanto egoísta, dentro de lo que me deje y me dejen.
Hay una cosa que tengo pendiente desde hace más de veinte años se quedará sin hacer este año. A pesar de que puedo perfectamente volar en el segundo trimestre, este año no iré a Nicaragua.
No es por falta de ganas de viajar: a finales de mes nos vamos a Río de Janeiro: ya está casi todo listo. Me quedo con ganas de ir a la India a ver a Pablo en el ICM. Me cuentan que es altamente improbable que se repita, pero al parecer en agosto la mayor parte de las aerolíneas me denegarían el embarque.
Como embarazada del primer mundo y en España, no me puedo quejar de falta de atención médica. Llevo tres ecografías, dos análisis de sangre, una revisión dental, dos visitas a mi médico de cabecera y una a la matrona, y todo esto gratuitamente y sólo el primer tercio del embarazo. Mi probabilidad de morir es de una entre 25.000. Aproximadamente, la de que te toque el Gordo de Navidad comprando cuatro décimos diferentes.
Si estuviera en el África subsahariana sería de una entre 26. Como que te pregunten en clase.
En total, en el mundo, muere una mujer cada medio minuto por problemas derivados del embarazo y el parto.
Pero no es a eso a lo que voy.
¿Y Nicaragua qué?
Esencialmente, por presiones de una religión mayoritaria (¿adivináis cuál?) han prohibido el aborto EN TODOS LOS SUPUESTOS, INCLUIDO EL TERAPÉUTICO. Esto quiere decir que si eres médico y tratas a una embarazada en peligro de muerte, y la salvas pero pierde el bebé, vais los dos a la cárcel por aborto provocado. Bonus para el médico: si mueren ambos, la familia probablemente te denuncie por negligencia médica (aunque para eso necesitarían dinero).
No hablemos ya de casos de menores, violación o incesto: también prohibido. Esto ha disparado los casos de suicidio de adolescentes embarazadas. No habría querido leer lo de las niñas violadas embarazadas de 10 a 14 años, pero lo he leído.
Bola extra: no hay medios para distinguir un aborto provocado de uno espontáneo, así que si estás sufriendo uno, es como si tuvieras la peste.
Así que os podéis imaginar que, al revés de lo que pasa aquí, la atención sanitaria a las nicas embarazadas ha caído en picado, no vaya a ser. Mirad cualquier prospecto: ¿qué semana no tiene jueves? ¿qué medicamento no es potencialmente letal? Este fin de semana quise un paracetamol (vaale, ando tosiendo un poco: nada grave) y daba miedo. Generalmente el consejo es aguántate hasta que puedas y luego hablamos. No me lo tomé.
En Nicaragua es: aguántate hasta que sea cosa de vida o muerte, y luego… muérete. Cojonudo.
VIH, cáncer, malaria, complicaciones en el parto, violación, pobreza y como si fuera poco el gobierno y la iglesia en tu contra. Es fantástico. Qué ganas de ir de visita.
Te lo cuentan los propios nicaragüenses (incluida la asociación de obstetras: esencialmente todos los médicos del país se oponen):
Durante mi embarazo, y en mi vida en general, intento no coger disgustos innecesarios, ni acercarme a sitios donde mi vida no valga nada gracias a las presiones de fundamentalistas religiosos. Los derechos reproductivos (el derecho a reproducirse y el derecho a NO reproducirse, muchas gracias) son derechos humanos fundamentales. Y los derechos humanos van en pack. Son indivisibles. Sin salud no hay vida. Sin derechos reproductivos no hay libertad.