Estoy en Barcelona

Barcelona huele a pan. A pan recién hecho. No a pan de payés (pa de pagès), sino a cruasanes de mantequilla crujientes.

Tenía esa frase escrita desde hace días. Después de una hora dándole el follón a Lucía para que escriba su diario, me doy cuenta de que todo lo que le digo a ella se me aplica a mí. Que no estoy escribiendo nada tampoco. A ver si me ayuda ella a mí.

—¿A qué huele Barcelona, Lucía?

—Barcelona huele a la calle. Al  motor de los coches. Gasolina. Cerezas y manzanas. Al olor de la compra. Chino, japonés. Contaminación. Restaurantes. ¿Qué?

—¿A qué más?

—Pepitas. Vale, eso me lo he inventado.

—¿Qué son pepitas?

—No lo sé. Es la primera cosa que se me ha ocurrido… A personas. Calles, casas y periódicos aburridos. Gente normal leyendo. Nada más.

—¿Y ahora, qué se ve de Barcelona?

—Ya lo he dicho.

—No, cosas que hayas visto.

—Zoos o cines o McDonalds. Gente aburrida. Casas grandes y pequeñas. Nada más se me ocurre.

—¿Y el mar?

—El mar normal. Arena donde se hace castillos y bolas de arena. Niños juguetones que se meten en el agua. Nada más.

—¿Y el cielo?

—El cielo es normal.

—¿Y por la noche?

—Cien estrellas.

—¿Y en qué es diferente de Murcia?

—Más árboles, más colores y más gente.

—¿Solo eso?

—Un mar más grande. Más sol.

—¿Más sol?

—Es una forma de hablar, porque quiere decir que da más el sol.

—Pero si ha llovido.

—Llueve muy pocas veces.

—En Murcia también llueve muy pocas veces.

—Es que es verano. Aquí llueve muy pocas veces.

—¿Qué te ha gustado más de Barcelona?

—No lo sé. ¿Qué hago yo diciéndote cosas y tú sin ayudarme? —Ella está escribiendo su diario—. Oye, eso es un chiste. No lo escribas.

—Me gusta apuntar cuando dices cosas divertidas.

—No voy  a decir nada más.

—¿Seguro? ¿Ni siquiera las cosas que no te han gustado de Barcelona?

—Hmm-hmmm. Es que no me ayudas.

—¿En qué quieres que te ayude?

—¡En ESTO! —señala el diario.

—Empieza por la palabra de siempre: «Ayer…»

—Ya está. Ya he escrito ayer.

Ayer es con i griega.

—Aaaargh… ¿Ayer qué?

—¿Ayer volvimos?

—Todo el mundo sabe eso.

—No, los que están leyendo tu diario no lo saben.

(…)

—Lucía, volví es con uve, con uve y con i normal. Y Barcelona es con be. ¿No te has dado cuenta de que la ciudad está llena de bes de Barcelona?

—No me interesa la be.

Finalmente, termina su hoja de hoy del diario. Le corregiré el resto cuando no mire…

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Comentarios

Marc Gelpi Mateu (@mothm4n)
19 agosto, 2013

Viva el movimiento Anti Be! 😉

Willow
19 agosto, 2013

🙂

Salva
19 agosto, 2013

Jolín, Bego, si tuvieras que escribir tu nombre con el interés de tu hija por la «be», te llamarías «ego». No voy a hacer ningún análisis psicológico al respecto, acabo de tomarme un café frappé y todas mis neuronas lo están disfrutando.
No tengo el placer de conocer a Lucía (sólo en alguna fotillo), pero igual ha salido a su madre un poco en lo de darle marcha a una conversación, interesante.
Me encanta el ánimo por la escritura que le estás inculcando. Cuando he descifrado la página de su diario (que me ha costado), me han entrado por unos segundos esas ganas de comerse a los niños. Qué ternura, la pobre buscando constelaciones y no pudo ver ni la Osa mayor. Échadle una mano una noche de luna nueva.
Por cierto, aprovecha que cada día que pasa te queda menos para que Lucía te deje leer su diario.
«Ego» (según Lucía), gracias por compartir ese pedacito tan dulce de tu vida.

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